Los animales robóticos están dejando atrás el ámbito de la ciencia ficción y los juguetes. Construidas con sensores, motores, procesadores y, en algunos casos, inteligencia artificial, estas máquinas imitan el aspecto o el comportamiento de criaturas reales e imaginarias. Pueden responder a órdenes, interpretar su entorno y desplazarse por lugares difíciles o peligrosos para las personas.
Algunos de los diseños más inusuales están destinados a la respuesta ante desastres. Investigadores de la Universidad Tecnológica de Nanyang, en Singapur, desarrollaron cucarachas ciborg colocando sobre cucarachas de Madagascar una mochila diminuta que contiene un microordenador, sensores de gas y una cámara térmica infrarroja. Los electrodos permiten a los operadores dirigir los insectos a distancia, mientras que los paneles solares alimentan el sistema. Cada insecto puede inspeccionar un área de hasta 100 metros cuadrados y ayudar a localizar a personas bajo los escombros, aunque todavía se necesitan rescatistas humanos para extraer a las víctimas.
El sistema también tiene importantes limitaciones logísticas. La fuente señala que inspeccionar un edificio grande podría requerir unas 500 cucarachas y 500 operadores. Los insectos pueden identificar la ubicación de una posible víctima, pero no pueden realizar el rescate por sí mismos.
Se están diseñando hormigas mecánicas para levantar cargas pesadas. Ingenieros de la Universidad de Stanford crearon pequeños robots capaces de mover cargas de hasta 2.000 veces su propia masa. Cuatro de ellos pueden transportar a un adulto, mientras que grupos más grandes podrían mover losas de hormigón o barras de refuerzo. Su tracción procede de patas inspiradas en las de los gecos, cubiertas de microscópicos pelos de goma. Como sus baterías pueden agotarse durante operaciones exigentes, las versiones industriales podrían conectarse mediante cables y utilizarse como vehículos de remolque.
Otras máquinas inspiradas en animales están destinadas al mantenimiento de infraestructuras y a la exploración. Desarrolladores noruegos crearon una serpiente robótica de cinco metros para inspeccionar y reparar oleoductos submarinos. El dispositivo puede transmitir imágenes, sustituir válvulas y retirar depósitos, operando a profundidades de hasta 500 metros durante periodos de hasta seis meses antes de recargarse en estaciones específicas.
Un cangrejo robótico desarrollado por ingenieros de la Universidad de California en Berkeley está diseñado para excavar bajo tierra, recoger muestras y analizar el suelo. Entre sus posibles usos se incluyen la construcción, la agricultura y la detección de contaminación. Los investigadores también están considerando futuras aplicaciones en la Luna mientras trabajan para aumentar la profundidad de excavación del robot.
Los halcones robóticos tienen una función de seguridad más específica. Desarrolladas en la Universidad de Groninga, en los Países Bajos, estas máquinas se utilizan en Canadá y Alemania para ahuyentar a las aves de las pistas de los aeropuertos. A diferencia de los elementos disuasorios acústicos, que las aves pueden llegar a ignorar, los depredadores robóticos imitan el comportamiento de persecución y dominación de las aves rapaces reales.
A una escala mucho menor, investigadores de Harvard crearon una abeja robótica aproximadamente del tamaño de la cabeza de un alfiler. Sus sensores imitan la visión y las antenas de los insectos, enviando imágenes tridimensionales a un operador. El dispositivo puede volar, nadar y sumergirse, y consume 120 milivatios mediante energía solar. La fuente describe posibles aplicaciones futuras en la exploración de canales marcianos, cráteres lunares y las nubes tóxicas de Venus.
La categoría más amplia de los robots zoomórficos incluye máquinas diseñadas para desplazarse horizontal y verticalmente, superar obstáculos y entrar en espacios confinados. Entre los ejemplos mencionados se encuentran el Mini Cheetah del MIT, robots del tamaño de insectos con características similares a las de arañas y cucarachas, un guepardo robótico de DARPA que alcanzó velocidades de hasta 18 mph, y sistemas flexibles inspirados en el nematodo Caenorhabditis elegans. Los sistemas comerciales de Gecko Robotics utilizan ventosas para desplazarse verticalmente y operar en entornos peligrosos.
También se están desarrollando robots de cuatro patas para el transporte, la inspección y la compañía humana. Algunos pueden recorrer más de 30 kilómetros sin recargarse, transportar cargas de hasta 180 kilogramos, trasladar a personas heridas y reconocer órdenes de voz. El Unitree Robotics A1, que pesa 15 kilogramos, utiliza motores eléctricos, cámaras y lidar para orientarse, y puede trotar, cambiar de paso, dar la pata, ponerse de pie y tumbarse.
El perro se ha convertido en el modelo animal más común para los robots cuadrúpedos porque su movimiento resulta familiar y ofrece combinaciones útiles de caminar, correr y saltar. Entre los diseños anteriores se encontraba el Phony Pony californiano de finales de la década de 1960, que incorporaba soportes articulados, sensores y motores pese a su parecido limitado con un animal real.
Los animales robóticos también se utilizan como compañía, especialmente para personas mayores, niños y pacientes que no pueden tener mascotas vivas. La fuente cita investigaciones de Nueva Zelanda que indican que interactuar con robots de compañía puede proporcionar beneficios similares a los de las interacciones con animales reales. A diferencia de las mascotas vivas, estos dispositivos no necesitan comida ni paseos, son hipoalergénicos y ofrecen un comportamiento predecible.
Joy for All produce gatos y perros robóticos suaves y realistas que responden al tacto y al sonido. Sus gatos pueden parpadear, abrir la boca, acicalarse y darse la vuelta, mientras que sus perros ladran, responden a los abrazos y simulan los latidos del corazón. Investigadores de la Universidad Brown trabajaron en un software que podría permitir que estos dispositivos recordaran a los usuarios mayores que deben tomar su medicación y ayudaran a localizar objetos como gafas o llaves.
Jenny, de Tomobot, es un robot con aspecto de golden labrador diseñado para personas mayores y niños con autismo. Permanece inmóvil para evitar crear un peligro, pero puede detectar el tacto, responder a órdenes de voz, mover la cola, gemir y roncar. El dispositivo incluye 50 sensores, 10 motores y micrófonos, además de una aplicación para ponerle nombre al robot y cambiar sus ajustes.
El PARO japonés, diseñado como una cría de foca arpa, tiene como objetivo fomentar la relajación y las emociones positivas. Cuenta con sensores táctiles y bigotes sensoriales, mueve las patas, emite sonidos, reconoce su nombre y reacciona al afecto. Su comportamiento puede cambiar dependiendo de cómo se le trate.
El aibo de Sony representó un enfoque de entretenimiento más sofisticado. El perro robótico utilizaba cámaras, sensores, 22 ejes de movimiento y ojos OLED. La tecnología en la nube le permitía recordar acontecimientos, aprender y desarrollar una personalidad. Podía jugar, ladrar a desconocidos, patrullar una ruta y enviar fotografías a su dueño. La fuente afirma que Sony interrumpió las ventas del aibo en junio, lo que pone de relieve las dificultades que implica desarrollar robots para consumidores.
En conjunto, estos ejemplos muestran cómo la robótica inspirada en animales se está aplicando al rescate, el mantenimiento, la exploración, la seguridad y los cuidados. Su capacidad para operar sin comida ni agua y para entrar en entornos peligrosos o inaccesibles les proporciona usos que van mucho más allá de la imitación o el entretenimiento.
Fuentes: The Robot Report.